«Ética y estética de una necesidad», por Antonio Saura

40 AÑOS DE CAMINO CON ALQUIBLA TEATRO

Antonio Saura (*)

Revisar y analizar el repertorio de una compañía estable con 40 años de trayectoria ininterrumpida como Alquibla Teatro (1984 – 2024) produce vértigo, nostalgia y dolor. Como compañía, hemos vivido el despertar de la democracia, el auge del socialismo, largos años de conservadurismo y el surgir de la ultraderecha censora. También la movida ochentera, los fastos de la Expo’92, la crisis económica de la burbuja inmobiliaria de 2008, la pandemia del año 20 y una pospandemia demoledora en materia cultural. Hemos sobrevivido a las peores políticas culturales y a la subida del IVA al 21%, y suspendido actuaciones por el asesinato de Miguel Ángel Blanco (1997), la caída de las Torres Gemelas (2001) o los atentados de Atocha (2004).

En general, las gentes de teatro tenemos la mirada puesta en un futuro cortoplacista, que no deja de ser el nuevo espectáculo y nos cuesta echar la vista atrás. El paso del tiempo, como tal, no es un valor en sí mismo, pero lo aportado en el transcurso de cada nueva producción es, sin duda, legado: el material –o inmaterial, por tratarse de un arte efímero- y el de los valores fundamentales aportado por los hombres y mujeres de teatro a la cultura. 

Mirar, con distancia, el repertorio de la compañía durante estos cuarenta años es comprender cómo hemos cambiado a lo largo del camino y todo lo transitado a través de la necesidad. 

Orígenes

Alquibla Teatro nace de la mano de la actriz Esperanza Clares y la mía, en calidad de actor y director de escena, en enero de 1984, en la pedanía murciana de Algezares, población de enorme tradición teatral y lírica, y en torno al desaparecido Teatro Sanbar. 

al-qibla es un término árabeque significa el punto del horizonte que se tiene enfrente, el mediodía y el lugar de la mezquita hacia donde los musulmanes dirigen la vista cuando rezan. Genéricamente, significa dirección. Elegimos ese bello nombre por su significado y por proximidad, pues así se llama la acequia que da riego a la ciudad de Murcia, por el margen derecho del río Segura, desde el siglo X.

PRIMERA ETAPA (1984 – 1989) Luis Federico Viudes o la farsa musical

  • 1984 En un café de La Unión…, de Luís Federico Viudes.
  • 1985 Los amantes de Beniel, de Luís Federico Viudes.
  • 1985 Yamilé, de Lorenzo Píriz-Carbonell.
  • 1986 ¡¡¡Ochentamanía!!! (Historias de amor y rock), de Antonio Saura. Versión libre de Trabajos de amor perdidos, de William Shakespeare.
  • 1988 Fuera de quicio, de José Luís Alonso de Santos.
  • 1988 Contra lujuria, de Luís Federico Viudes.

Por una cuestión de edad, pues ninguno habíamos cumplido aún los veinte años, no procedíamos del teatro universitario ni habíamos tenido relación con la Escuela de Arte Dramático de Murcia o con las compañías de teatro de la Región de Murcia. 

En aquel momento nos apasionaba el teatro musical, por la influencia lírica de nuestros orígenes, y descubrimos en Dagoll Dagom y su Glups! nuestro modelo de compañía, con esa poesía destilada de los conciertos de rock, queacabábamos de ver en el Teatro Romea de Murcia. La figura del polifacético Luis Federico Viudes nos ayudó mucho en esa búsqueda estética y tres de los espectáculos de esta etapa salieron de su pluma. 

El 23 de junio de 1984 estrenábamos nuestra primera obra con su firma: En un café de la Unión… Después vendrían Los amantes de Beniel (1985) y Contra Lujuria (1988). De la mano de Viudes conocimos al “todo Murcia teatral, incluyendo a Lorenzo Píriz-Carbonell, de quien estrenamos Yamilé en 1985,a modo de musical americano. En 1986 llegó Shakespeare, tan joven como nosotros, del que realizamos una versión muy libre de Trabajos de amor perdidos, titulada ¡¡¡Ochentamanía!!! Historias de rock y amor. Y transformamos en comedia musical el Fuera de quicio,de Alonso de Santos, en 1988.

En 1986 iniciamos una estrecha relación con los dos nombres de referencia del teatro murciano: César Oliva y Antonio Morales. Para esos jóvenes que nos iniciábamos, sus consejos constructivos, ocasionales críticas demoledoras y su apoyo en momentos clave fueron de vital importancia, y seguirán acompañándonos en el devenir alquíblico, especialmente Oliva. 

En los inicios de la compañía desconocíamos el repertorio y los autores, el funcionamiento del mercado y los mecanismos de distribución; presentábamos los montajes en espacios y plazas inadecuados con una lógica precariedad de medios. Pero en poco más de dos años nos habíamos convertido en un grupo que realizaba muchos bolos, que conectaban de forma contundente con el patio de butacas a través del humor; contábamos con una suerte de fans, que se autodenominaban alquiblas, y la simpatía de teatreros. Éramos jóvenes entregados al juego con una enorme capacidad de divertir divirtiéndonos y precisamos un repertorio ajustado a esas necesidades: un teatro de evasión que ocupaba nuestro tiempo de ocio, pero que, sin ser conscientes, se iría convirtiendo en nuestra forma de vida (y, por tanto, nuestra profesión). Nunca fuimos un grupo aficionado: en 1986 ya entrábamos en la aventura de las nóminas, seguros sociales, impuestos…, compramos nuestra primera «furgona», paseando orgullosos nuestro logo pintado en un lateral. En 1988 creamos la primera sociedad limitada dedicada al teatro en la Región de Murcia, convertidos en una de las compañías profesionales más jóvenes del país; realizamos nuestra primera gira nacional, visitando más de veinte ciudades, y recibimos el Premio Ciudad de Murcia.

Rápidamente, entendimos que necesitábamos formación y medios de producción: los niveles de nuestros referentes, como Dagoll Dagom,eran inalcanzables. En la Región de Murcia la carencia de infraestructuras escénicas era una realidad: los teatros se irían reabriendo con el Plan de Restauración de los Teatros Públicos de INAEM, creado por el murciano José Manuel Garrido Guzmán, en 1985, y no sería hasta el 88 cuando accedimos a teatros como el Romea de Murcia o el Guerra de Lorca. El panorama nacional no estaba mucho mejor y, lamentablemente, las condiciones técnicas eran tan deplorables como las de Murcia. 

Comenzábamos nuestro camino en la ‘periferia de la periferia’, construyendo lentamente el escenario cultural que la Región precisaba junto al primer gobierno socialista. La década concluyó con el final de una etapa, la más frívola, en la que el humor presidió cada uno de los espectáculos; un teatro lúdico y próximo a nuestras raíces populares. 

SEGUNDA ETAPA (1990 – 1993) Brecht o el teatro político

  • 1990 013 Varios: informe prisión, de Rafael González y Francisco Sanguino.
  • 1990 Woyzeck, de George Büchner. Versión Fuensanta Muñoz Clares.
  • 1991 Baal, de Bertolt Brecht. Versión Fuensanta Muñoz Clares.
  • 1992 Rapsodia a fulano de tal, de Beckett, Ionesco, Koltés y Saura.
  • 1992 Estos fantasmas, de Eduardo de Filippo. Dirección Javier Mateo.
  • 1993 Delirio del amor hostil, de Francisco Nieva.

En cinco años (entre 1984 y 1989), la compañía había realizado más de trescientas representaciones. Nos estábamos formando y lo hacíamos desde el escenario. El ideario inicial del grupo era espontaneidad y diversión, pero paulatinamente se fue transformando en otro con un fuerte carácter político, debido también al inicio de nuestra militancia activa en formaciones y partidos políticos. Por primera vez sentíamos la necesidad de asimilar teóricamente lo que hacíamos, y más importante, lo que queríamos hacer, para quién y para qué.

Llegaba el tiempo de la formación y la experimentación, mientras fallecía Beckett y caía el muro de Berlín. De forma un poco brusca, nada metodológica, de la mano del Espacio vacío de Peter Brook, buceamos en Brecht, Artaud y Beckett, en la ética y estética del discurso teatral, en la metodología interpretativa de Stanislavski, Meyerhold o Grotowski, en los tratados de los grandes directores de escena… Lo que aprendíamos golpeaba al grupo como un latigazo y buscábamos expresarlo escénicamente, especialmente el teatro épico de Bertolt Brecht.

Las influencias más viscerales, por su inmediatez y proximidad, procedían de los espectáculos que veíamos de Els Joglars, Els Comediants, La Cuadra, Atalaya, La Zaranda, Corsario, Geroa, La Fura dels Baus… También algunas puestas en escena de Lluís Pasqual, Guillermo Heras, Adolfo Marsillach, Miguel Narros, José Carlos Plaza, José Luís Alonso… o el impacto de los montajes de Tadeusz Kantor en el Teatro Albéniz (Festival de Otoño de Madrid) y, en Murcia, la influencia de las puestas en escena de Esteve Grasset con Arena Teatro. 

Así fue cambiando el ideario estético del repertorio y el modelo empresarial. Nuestra forma de enfrentarnos al público, al mercado, el tipo de publicidad y el modelo de producción varió radicalmente en menos de dos años, sin pensar entonces en el riesgo empresarial que asumíamos y dejando a un lado nuestro pasado de formación autodidacta y nuestra estética de arraigo popular. En cinco años, la compañía (con un núcleo estable de actrices y actores en el que siempre estuvieron Esperanza Clares, Lola Martínez, Alfredo Zamora y yo) pasó de ser un grupo de jóvenes apasionados a una de las más apasionantes trayectorias teatrales de la Región de Murcia. 

De la mano de Brecht transitamos por la ilusión utópica de un teatro que generase una participación activa y crítica del espectador, un teatro del compromiso social y político, un teatro de acción progresista frente al teatro de evasión más conservador. Ahora nuestros espectáculos precisaban de nuevos espacios, porque habíamos dado un paso de gigante en el aspecto escenotécnico, y nuevos públicos. Los ensayos también eran distintos, porque el proceso creativo era el fin en sí mismo; nuestro objetivo prioritario no era el público ni el éxito, sino nosotros mismos. 

Y el repertorio que se ajustaba a esas necesidades fue el Premio Marqués de Bradomín 013 varios: Informe prisión, de Rafa González y Francisco Sanguino (1990); Woyzeck, de George Büchner (1990); Baal,de Bertolt Brecht (1991); Rapsodia a fulano de tal, de Beckett, Ionesco, Koltés y Saura(1992) y Delirio del amor hostil, de Francisco Nieva (1993). Un repertorio que mantenía una constante poética en la violencia, el asesinato, la muerte y la angustia de los desheredados.

Woyzcek y Baal nacieron con vocación de compañía estable, de proyecto artístico duradero y de un serio empeño de servicio público. Una paradoja de aquella época brechtiana: Woyzeck fue un trabajo eminentemente artaudiano; el Baal más surrealista estaba marcado por los personajes muertos de Kantor; la pulsión beckettiana se respiraba por cada poro de Rapsodia a fulano de tal y en Delirio del amor hostil lográbamos un teatro a caballo entre lo popular arnichesco y la más pura contemporaneidad (quizá el más propiamente brechtiano). La contaminación entre poéticas fue una constante.   

A pesar de que la crítica y profesión alababan nuestros trabajos, resultó muy difícil encontrar programadores para esas estéticas. Nos alejábamos de un público mayoritario-generalista, pero descubríamos a otro público, minoritario, al que tampoco quisimos perder nunca. 

Baal y Rapsodia a fulano de tal fueron un absoluto desastre en distribución y, por lo tanto, empresarialmente: una inversión desorbitada e insostenible. Los compromisos que teníamos con la administración regional y la municipal para la Expo’92 se incumplieron y la compañía se vio incapaz de soportar la enorme deuda de ambas producciones. 

Así es como nació Estos fantasmas, de Eduardo de Filippo (1992), un encargo a un director de escena recién salido de la ESAD, Javier Mateo, que se convertiría en uno de los mejores directores de escena de la Región y hoy profesor de Dirección Escénica en dicho centro. Fue un Filippo necesario y un traje a medida para las necesidades comerciales de la compañía y su éxito artístico lo fue también económico gracias a una potente gira. Nuestro agradecimiento a Mateo nunca será suficiente.

Y con la celebración del décimo aniversario de Alquibla Teatro, cerrábamos una etapa de formación, investigación y experimentación, de la que carecía el grupo, y cuyos resultados artísticos fueron muy superiores a los empresariales.

TERCERA ETAPA (1994- 1999) Beckett o las comedias amargas

  • 1994 Esperando a Godot, de Samuel Beckett. Dramaturgia Fulgencio M. Lax.
  • 1995 Antonete Gálvez, de Lorenzo Píriz-Carbonell.
  • 1996 Auto, de Ernesto Caballero.
  • 1996 Cuento de invierno, de William Shakespeare. Dramaturgia de  Fulgencio M. Lax.
  • 1997 Las reinas del Orinoco, de Emilio Carballido.
  • 1999 Paso a nivel, de Fulgencio M. Lax.

La pérdida de inocencia y el desencanto caracterizó la apertura de esta nueva etapa de Alquibla, en una España sumida en el más desolador panorama cultural, regional y nacional, tras la locura de la Expo 92.

La denominamos Comedias amargas, por el sabor agridulce que provoca el contraste entre el humor y la ternura con el que están impregnados sus personajes y el sabor amargo ante el destino trágico de sus vidas. Un ideario impregnado del nihilismo beckettiano; un teatro puro que nace de lo tragicómico de la existencia del hombre. Un período homenaje a Samuel Beckett, marcado por el encuentro con el dramaturgo Fulgencio M. Lax.

El repertorio se ajustó a la necesidad de un modelo de producción que buscaba el equilibrio entre lo artístico y el mercado: reducido número de personajes; ajuste escenotécnico al mediano/pequeño formato; el mercado nacional como objetivo y el regreso al humor, sin rendirnos, ni por un instante, a lo gratuito ni al aplauso fácil.

Esperando a Godot, de Samuel Beckett (1994), Auto, de Ernesto Caballero (1995), Las Reinas del Orinoco, de Emilio Carballido (1997), y Paso a Nivel, de Fulgencio M. Lax (1999), formaron el repertorio de esta etapa. Con estos cuatro autores encontramos un estilo interpretativo y escénico -del que jamás nos desprenderíamos-, pero también un proyecto de producción sostenible. 

Nos alejábamos de concebir el proceso como lo más importante. Maduramos entendiendo que el fin último del Teatro es el acto de comunicación vivo entre actor-espectador, que nace y muere en cada representación, y aprendimos que sin público no hay renovación posible y que la auténtica revelación del significado profundo de las obras siempre surge del encuentro con el espectador.

Esperando a Godot fue clave de la ascendente trayectoria de la compañía, con larga gira nacional; Auto fue un regalo-encargo de César Oliva para la Universidad de Murcia; Las Reinas del Orinoco navegaron arribando en muchos puertos, entre ellos la primera presentación de la compañía en Madrid, y Paso a nivel supuso una mirada al nuevo milenio, que M. Lax metería dentro de un Renault-4,con el quecerramos nuestro viaje amargo, pero tan enriquecedor. 

En medio de esta etapa, se produjeron dos excepciones con coproducciones de gran formato, aparatosas escenografías y elevado número de intérpretes: Antonete Gálvez, de Lorenzo Píriz-Carbonell (1995), sobre la figura del cantonalista republicano, con Tespis Cía. Teatro, y Cuento de invierno, de William Shakespeare (1996), con la Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia. 

CUARTA ETAPA (2000 – 2009) Teatro de la Justicia

  • 2000 El sueño de una noche de verano,de William Shakespeare. Traducción Ángel-Luis Pujante.
  • 2002 El fantasma de Canterville de Oscar Wilde. Versión de Antonio Saura.
  • 2003 Bodas de sangre de Federico García Lorca. Dramaturgia de José Ramón Fernández.
  • 2004 El día de las locuras, de José Ramón Fernández. Versión libre de Las bodas de Fígaro, de Beaumarchais.
  • 2005 El día más feliz de nuestra vida, de Laila Ripoll.
  • 2006 Orestíada. Cenizas de Troya, Esquilo / Sófocles / Eurípides / Diana de Paco.
  • 2008 Las amistades peligrosas, de Diana de Paco, a partir de la novela epistolar de Choderlos de Laclos.
  • 2009 Tartufo, de Jean-Baptiste Poquelin Molière. Versión César Oliva.
  • Con el paso del tiempo, brota en la compañía otra necesidad: la de no perder nuestra identidad ni la mirada al lugar concreto desde y para el que trabajábamos. Dieciséis años después, habíamos madurado: nuestra cosmovisión era distinta y también la forma de querer contarla. 

El activismo en el campo de las reivindicaciones culturales continúa en la nueva década, con la creación de MurciaaEscena, Asociación de Empresas Productoras de Artes Escénicas de la Región de Murcia, que fue un logro personal mío, y con una larga etapa en la Presidencia de mi compañera Esperanza Clares, que llevó al sector a un punto sin retorno en la profesionalización y el reconocimiento social de las Artes Escénicas en la Región.

Con Clares reafirmando su rol más empresario, como directora de producción, definimos un sello-marca caracterizado por la identidad, el compromiso y el riesgo; encontramos en lo singular y distinto de nuestra propuesta un centro de interés; buscamos el equilibrio entre la tradición y la innovación; nos consolidamos a nivel empresarial y de mercado con largas giras nacionales y la participación en importantes festivales nacionales e internacionales; ajustamos el repertorio a un reparto estable de ocho miembros: cuatro actrices y cuatro actores –al que siempre nos referimos cómo la ‘Poética de furgoneta’, porque las producciones se concretaban por el número de ocupantes que cabían en el vehículo–; accedimos al control de los medios de producción con la adquisición de una naveindustrial, con oficinas, espacio para ensayos y almacén; renovamos nuestros vehículos, con camión y furgoneta nuevos; diseñamos el repertorio a varios años vista, con variedad de géneros, pensando en la pluralidad de públicos y espacios, apostando por un equilibrio entre autores clásicos y contemporáneos; perfeccionamos el acabado escenotécnico; nos beneficiamos de mejores políticas en materia de Artes Escénicas en la Región de Murcia y, unido a todo ello, consolidamos un estilo interpretativo y de puesta en escena. Así culminó una década triunfal para la compañía y para la construcción poética de un teatro de la emoción, en el anhelo utópico de una sociedad mejor y más justa.

Nos seguía acompañando la utopía de una sociedad mejor y apostábamos por textos a través de los cuales debatir sobre la injusticia social; el orden político y el metafísico; el conflicto entre el poder y el anhelo de libertad; la  venganza; la ambición de poder; la revolución; la decadencia moral; la represión y los estragos de la religión; la memoria histórica… Grandes contenidos para el momento de mayor perfección formal de los espectáculos de la compañía.

Amor, sexo y humor en la embriaguez de la noche, de la mano de un hedonista Robín, con la luna llena iluminando el espacio mediterráneo –el Levante murciano-, con sabor a sal y olor a pólvora, a hogueras de la noche de San Juan… fueron las características de El sueño de una noche de verano, de William Shakespeare (2000), con traducción de Ángel-Luis Pujante, con la que comenzábamos exitosamente esta etapa del nuevo siglo. El espectáculo recorrió España de norte a sur y de este a oeste.

Un mes antes del 11 de septiembre de 2001, Esperanza Clares ya tenía firmado el estreno de El Fantasma de Canterville, de Oscar Wilde(2002), para el año siguiente. La divertida novelita de Wilde se transformaba en esta puesta en escena, como ya vaticinaba lúcidamente el autor, en una terrorífica visión de la América de Bush, la Inglaterra de Blair y la España de Aznar (el famoso Trío de las Azores), basada en la carencia de valores sociales y educados en la prepotencia absoluta sobre el resto del mundo. 

Lo que el Mediterráneo fue a nuestro Sueño shakesperiano, el susurro del río Segura y el paisaje del Valle de Ricote lo fue a Bodas de Sangre, de Federico García Lorca(2003). La personalidad de José Ramón Fernández, que firmó una arriesgada y bellísima dramaturgia, imbricó al Lorca de la tierra con el Lorca de los sueños y nos aportó una mirada desde la contemporaneidad del clásico. Ubicó la acción de la obra en la cabeza de la madre, porque toda la historia tiene la lógica de los sueños y el desesperado motivo repetido mil veces de una violencia sin final. Larga gira que se inició en el Teatro Guerra, de Lorca y pasó por Argentina y Miami.

No quisimos soltar a Fernández y él sería el dramaturgo elegido para la celebración de los veinte años de trayectoria de Alquibla Teatro, quien propuso una lectura de Las Bodas de Fígaro, de Beaumarchais. En El día de las locuras, de José Ramón Fernández (2004), ubicada en 1784, mientras se ensaya en el palacio de los marqueses de Lille una comedia escrita por Beaumarchais, llegan los aires del inicio de la Revolución Francesa.

El día más feliz de nuestra vida, de Laila Ripoll(2005), fue un empeño de Esperanza Clares, fascinada por el humor corrosivo sobre la represión religiosa y el Estado franquista de la autora, con la cultura del pecado como losa aplastante sobre las espaldas de tres niñas. Tan divertida como atroz, con la historia de estas trillizas hablábamos de los veinte años de la historia de España, que transcurren entre el día de la primera comunión, en 1964, y la boda de estas hermanas, en 1984.  Miami y Whasington también vivieron la apasionante gira.

La familia de los Atridas llevaba años esperando la madurez en los repartos de la compañía, y llegó el momento. En el proceso de investigación sobre Orestíada, de Esquilo, Electra, de Sófocles y el Orestes, de Eurípides, me crucé con la Tesis Doctoral de la joven Diana de Paco Serrano. El resultado de ese encuentro, tras casi un año de trabajo, fue Orestíada, Cenizas de Troya (2006), historia de la destrucción de una familia sustentada en el crimen y, por extensión, de una sociedad, de un país, de Europa, del mundo. El proceso de ensayos fue especialmente duro porque la compañía giraba entonces con tres producciones: Bodas de sangre¸ El día de las Locuras y El día más feliz de nuestra vida. Pero lo celebramos a lo grande en el Festival de Mérida de 2005.

Finalizado el proceso de Orestíada, encargamos a Diana de Paco una nueva colaboración: la revisión de la novela epistolar de Choderlos de Laclos, Las amistades peligrosas (2008),un viaje de la frivolidad a la destrucción ante la decadencia moral de la sociedad francesa. En su versión, De Paco realzó el protagonismo de las voces femeninas, en su lucha por la independencia.

Con 2009 llegó la fiesta del 25 aniversario de Alquibla Teatro y lo celebramos con una versión de César Oliva de Tartufo, de Molière; un ataque frontal a la manipulación del poder, esta vez por vía de la religión, del devotismo y del meapilismo. Estrenado en el Festival de San Javier (Murcia), disfrutó de un largo recorrido, incluido el paso por el Festival de Teatro Iberoamericano de Cádiz.

A lo largo de una década, y con un magnífico diseño de producción, los espectáculos permanecían en programación durante tres temporadas, con un repertorio que giraba al mismo tiempo, recorriendo toda la geografía nacional y propiciando el salto internacional en numerosas ocasiones. Premios, nominaciones, llenos hasta la bandera, suculentas taquillas, temporadas en varios teatros, críticas extraordinarias y una fidelización de público no conocida hasta el momento por Alquibla fue el menú que degustamos llegando a nuestros veinticinco años de trayectoria.

QUINTA ETAPA (2011 – 2019) Teatro de la resistencia y resiliencia

  • 2010 Anfitrión, de Plauto. Versión Juan Ramón Barat.
  • 2011 La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca.
  • 2012 Bailando con lobas, de Juan Montoro Lara.
  • 2014 La malquerida, de Jacinto Benavente. Versión Alba Saura-Clares.
  • 2015 Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand. Versión Esperanza Clares.
  • 2016 Macbeth, de William Shakespeare. Traducción Ángel-Luis Pujante. Dramaturgia Alba Saura-Clares.
  • 2017 Los caciques, de Carlos Arniches. Versión César Oliva.
  • 2018 Háblame, de Fulgencio M. Lax.
  • 2019 Mucho Ruido About Nothing, de William Shakespeare. Versión libre de Alba Saura-Clares. 

Arrancábamos la nueva década del XXI con la mayor crisis económica de la historia reciente de España, y de la compañía debido a los impagos de los ayuntamientos desde 2008 y la imposibilidad de tener acceso a créditos bancarios, que nos generaron unos gravísimos problemas de liquidez. A ello se sumó la desaparición de las ayudas públicas a producción y gira del gobierno de la Región de Murcia; la drástica reducción de presupuestos culturales municipales a nivel nacional y la hegemonía de los espectáculos con cabecera de cartel televisivos en las programaciones teatrales, ya que eran los únicos que aseguraban su sostenibilidad a taquilla.

En este contexto nace en 2010 el Anfitrión, de Plauto, con versión de Juan Ramón Barat. Una decisión de emergencia culinaria. Pero ni la creación de un espacio circense, ni el humor entre Sosias y Anfitrión, ni la mirada feminista, a través del personaje de Alcmena, fue suficiente para salvar la asfixia económica en la que se encontraba la compañía, que se ve obligada a suspender la gira de Amistades Peligrosas, Tarturo y Anfritrión por falta de liquidez, pasando todo un año (entre mayo de 2010 y mayo de 2011) sin realizar ninguna representación.

En 2010 nace el espacio de formación vinculado a la compañía, Alquibla Escuela de Teatro, y en ese mismo año iniciamos la gestión y residencia artística de la compañía en el Teatro Circo Apolo de El Algar (Cartagena) que mantendríamos hasta 2014. A principios de 2011, César Oliva nos encarga una coproducción para la reinauguración del Teatro Circo Murcia, cerrado desde finales de los años 70, en un empeño personal de Oliva por recobrarlo, digno de las mayores alabanzas. Durante toda la década, este Teatro será el referente como centro de la producción teatral de la Región de Murcia. En un acto de resistencia y resiliencia, propusimos un título emblemático: La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca (2011). Tocaba empezar de cero, por segunda vez. El presupuesto de producción fue uno de los más bajos de nuestra historia. El reparto sale de un casting en el que descubrimos a magníficas actrices.

¿Por qué la Bernarda? Porque hay textos que deben estar siempre sobre los escenarios, sin dejar pasar una sola temporada con una nueva revisión, para que el público –especialmente el más joven– tenga la oportunidad y el placer de disfrutarlos. Con nuestra Bernarda apostamos por una visión existencialista de la tragedia que, en un surgir telúrico de entre las ardientes paredes de esa casa, hiciese aflorar el angustioso anhelo de libertad escondido en lo más profundo de cada uno de nosotros, especialmente de nosotras. 

Y las cosas del teatro:el resultado artístico y empresarial del espectáculo fue extraordinario, con excelentes críticas, altísimo porcentaje de ocupación, muchísimos sold out y potente gira hasta 2015.

En 2011 acordamos una coproducción entre dos empresas con similares problemáticas económicas en ese momento: Nacho Vilar Producciones y Alquibla Teatro. Encargamos al dramaturgo murciano Juan Montoro Lara un texto para tres actrices. Montoro nos entrega Bailando con lobas(2012), una comedia en la que tres mujeres intentan acorralar, en un pàs a trois, al inevitable destino que las mantiene tan unidas como presas: la soledad. 

En 2014 es el turno de Jacinto Benavente y La Malquerida, y la primera colaboración dramatúrgica con Alba Saura-Clares, que realiza una depurada adaptación de esta tragedia que habita en cada una de las obras de la Trilogía de la Tierra de García Lorca. Alabado y denostado por unos y otros, lo cierto es que Benaventees uno de los más importantes dramaturgos españoles de la primera mitad del XX. 

Alba Saura-Clares nació en el seno de la compañía. Como actriz debutó en 1994 con el personaje de El muchacho, en Esperando a Godot, de Samuel Beckett. A partir de 2006 comienza a realizar labores de ayundantía de dirección en todas las producciones de la compañía. En 2014 se incorporaría al equipo creativo de Alquibla Teatro en calidad de dramaturga y dramaturgista, a caballo con sus labores como investigadora y docente (es profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona), proponiendo y debatiendo el repertorio y redefiniendo el ideario poético de la compañía.

Buscando el equilibrio entre grandes y pequeños formatos en el repertorio, apostamos por un traje a medida para un actor histórico de Alquibla Teatro, Julio Navaro: el Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand(2015), en versión de Esperanza Clares, concretaba un Cyranoíntimo,en el que sólo aparecen los tres personajes protagonistas: Cyrano, Roxana y Cristián.

Para el año Shakespeare, la compañía se atrevió con el más gafe: Macbeth (2016), nuevamente con traducción de Ángel-Luis Pujante y dramaturgia de Alba Saura-Clares. El cuarto Shakespeare de la compañía. Macbeth produce más fascinación entre directores e intérpretes que entre productores. Por eso tan grandes directores de escena han bajado a los infiernos con el matrimonio Macbeth. Desde nuestra mirada contemporánea, Macbeth continuaba siendo fascinante por su tratamiento dramático del mal que nace del ansia de poder; un poder alejado ahora de reyes y generales y mucho más real en el entorno Bilderberg, en una puesta en escena y un espacio sonoro tan oscuro como el alma de sus personajes.

Al año siguiente nos íbamos de fiesta con Los Caciques, de Carlos Arniches (2017), y una nueva colaboración con César Oliva, que realizó una versión introduciendo algunos elementos de El inspector general de Nikolái Gógol, obra que inspiró a Arniches, y reduciendo sus elementos costumbristas para transformarse en una comedia satírica que incidía en la crítica sobre el caciquismo y ajustaba a ocho el número de personajes. Alejados del sainete y del costumbrismo, nos aproximamos al autor desde su universo creativo más complejo, como es el de la tragicomedia grotesca, un concepto dramático más trascendente. 

A pesar de cumplir los objetivos en cuanto a la necesidad artística y empresarial de la compañía, confesaremos la enorme reticencia a Benavente y Arniches por parte de un gran número de programadores nacionales.

Así llegábamos a 2017 en un buen momento, como el título de una canción de MClan, con la satisfacción por el éxito del reciente estreno de Los Caciques y las giras previstas para este espectáculo y las que continuaban de Cyrano y Macbeht. De este dulce momento conversábamos Esperanza Clares y yo con dos grandes amigos, el dramaturgo Fulgencio M. Lax y el director de escena Juan Pedro Campoy, en la tan emblemática cafetería bohemia Zalacaín, ubicada pared con pared con el Teatro Circo Murcia, que, para sorpresa de los cuatro, al día siguiente cerraría sus puertas para siempre.

Avanzada la noche, Campoy hablaba de su preocupación por la desestructuración familiar. M. Lax, recogiendo el guante envenenado y compartiendo esa misma preocupación, comenzó a ubicar en un espacio doméstico a los miembros de una familia, y Esperanza y yo, contagiados por el calor emocional que brotaba de las conversaciones, decidimos ponernos guantes, casco y botas e iniciar las tareas de construcción. Finalmente, la casa quedó preciosa y un año después se estrenaba Háblame, de Fulgencio M. Lax (2018), una producción inusual en la trayectoria de la compañía que se ensaya en Madrid, dirigida por Campoy, protagonizada por María Garralón, con escenografía de Alesio Meloni y estrenada en Valladolid, que no llegaría a la Región de Murcia hasta seis meses después.

A su vez, desde agosto de 2017, estábamos preparando el regreso a Shakespeare, el quinto en la trayectoria de Alquibla Teatro, sabiendo que se estrenaría en agosto de 2019 en el 50 Festival Internacional de Teatro y Danza de San Javier. Sería un Shakespeare festivo, una versión libérrima de  Mucho ruido por nada, más conocida como Mucho ruido y pocas nueces, la cual recaería sobre la dramaturga de la compañía, Alba Saura-Clares, quien realizó una compleja y arriesgada propuesta: meter a Shakespeare en una pista de baile lindy hop a ritmo de música swing. Una deconstrucción de la obra  que enfatizaba el amor loco, revisitada desde una visión feminista y con la que se volvía a subir a escena el famoso duelo de sexos sostenido entre Beatriz –quizá el más grande personaje femenino shakesperiano – y Benedicto. Mucho ruido about nothing(2019)  fue una gran producción con nueve actores/actrices, cinco músicos en directo, tres técnicos, gran escenografía y con el mayor presupuesto de producción de la historia de la compañía. La noche del estreno fue una grandísima fiesta.

Y llegó el 14 de marzo de 2020

Desde 2012 la compañía experimenta la mayor estabilidad económica de su trayectoria, con exitosos títulos e infalibles diseños de producción, superior incluso a lo ocurrido entre 2000 y 2009. En enero de 2020 la gira nacional prevista para ese año con Los caciques, Háblame y Mucho ruido about nothing superaba ya las cien representaciones… pero llegó el aciago 14 de marzo en el que se paralizó el mundo.

SEXTA ETAPA (2020). Rumbo a lo mejor. Dramaturgia del confinamiento. Teatro Zoom. 

  • Llévame contigo, de Fulgencio M. Lax.
  • Amores que matan, de Jesús Galera y Alba Saura-Clares. 
  • Tras el último aplauso, de Miguel Galindo.
  • Orgullecidas, de Alba Saura-Clares.
  • Amapola, de Fulgencio M. Lax.

En tiempos de incertidumbre, donde todo lo público, el encuentro y lo comunitario se vio fracturado, el teatro quedó inevitablemente dañado, imposibilitada su esencia como arte. El teatro es cultura viviente y solo es posible en comunidad, compartiendo creadores y público un mismo aquí y ahora donde el hecho escénico está sucediendo. Pero en esos tiempos perdimos la posibilidad de reunirnos para vivir en comunidad la experiencia teatral. 

En conversaciones mantenidas entre Alba Saura-Clares, Fulgencio M. Lax, Esperanza Clares y yo mismo, se abría un debate sobre la presencialidad y la necesidad de flexibilizar su definición en tiempos excepcionales. ¿Podíamos generar un espacio de convivencia, de comunidad y de vivencia colectiva de una experiencia artística a través de lo virtual? 

Sabíamos que no sería lo mismo que los cuerpos conviviendo juntos; pero el teatro nos llamaba y nos exigía buscarlo en sus propios límites. No estábamos hablando de teatro grabado, sino de una búsqueda en cauces de reinvención donde los espectadores pudiesen revivir con nosotros la misma experiencia que genera lo teatral. Así nació Rumbo a lo mejor, parafraseando el título beckettiano ‘Rumbo a lo peor’ que incluye la máxima “Fracasa otra vez. Fracasa mejor”. Al proyecto se sumaron actores y actrices de la compañía y dramaturgos con los que compartíamos amistad y preocupación. Así fue como, vía zoom, entre mayo y noviembre de 2020, y sin ensayos presenciales, se estrenaron Llévame contigo, de Fulgencio M. Lax, Amores que matan, de Jesús Galera y Alba Saura-Clares, Orgullecidas, de Alba Saura-Clares, Tras el último aplauso, de Miguel Galindo y Amapola, de Fulgencio M. Lax. Las representaciones en directo y se veían a través de la pantalla del ordenador o televisor, por sólo treinta espectadores por sesión. Nuestro proyecto es coincidente con el de Teatro de la Abadía.

SÉPTIMA ETAPA (2022 – 2024). Trilogía del camino, de Alba Saura-Clares

  • 2022 Mi cuerpo será camino 
  • 2023 No me falte el aire
  • 2024 Lo más hermoso todavía

En el verano de 2020, tras el tiempo de introspección al que nos había conducido la pandemia, tras las preocupaciones, las dudas y el difícil trance económico al que se enfrentaba la sociedad y, evidentemente, la cultura, Alba Saura-Clares (dramaturga), Álvaro Imperial (músico), Esperanza Clares (actriz y directora de producción) y yo (director artístico) decidimos iniciar un camino. Necesitábamos movilidad para disipar el miedo; tránsitos, búsquedas y anhelos para encontrar la manera de alumbrar el camino. Esta es la génesis de la Trilogía del camino, un proceso creativo para hablar de los tránsitos y situarnos en la frontera de tiempos y geografías, para hacer confluir mundos y etapas; un camino para asumir los cambios y entendernos como sociedad en movimiento, lejos de todo lugar estanco. 

Así surgió un proyecto que visualizamos como trilogía, asumiendo con entusiasmo la ambición de esta idea y rodeándonos de un equipo con el que queríamos llevarlo a cabo porque creían con la misma ilusión en la posibilidad de emprender este viaje: los actores/actrices Cristina Aniorte, Nadia Clavel, Esperanza Clares, Julio Navarro, José Ortuño y Pedro Santomera.

Para el inicio de la trilogía, nos quisimos situar en los caminos migrantes, los ansiados, los inesperados, los impuestos. Una historia que hablara sobre la migración, el arraigo y la nostalgia para tratar, desde lo humano y la empatía con el público, problemáticas de suma crudeza a las que se enfrentan las sociedades en sus momentos de mayor inestabilidad. Así nació y sigue creciendo en cada una de las representaciones de la gira Mi cuerpo será camino, estrenado el 4 de diciembre de 2021 en el Teatro Villa de Molina.

Para 2023 visualizamos No me falte el aire, cuyo estreno tendrá lugar el 1 de diciembre de este mismo año en el Teatro Circo Murcia,un proyecto sobre los tránsitos que existen de la juventud a la madurez, del campo a la ciudad, de los últimos cincuenta años de España –desde 1971 hasta nuestros días–. En un laberinto de espejos en tiempos y espacios, los personajes que recorren esta obra están buscándose desde su juventud y enfrentándose a lo que los aprisiona, recomponiendo las historias de su pasado, aprendiendo a convivir con la ansiedad de su presente y erigiendo estrategias para reverdecer. 

El final de este camino se sitúa en una fecha destacada para la compañía y era desde ella desde la que queríamos reflexionar y no temer a mostrar en escena nuestros propios miedos tras cuarenta años de trayectoria. Con el aniversario de estas cuatro décadas, se sitúa ante nosotros un interrogante aterrador, el del legado. Saber de qué ha servido nuestro paso como compañía por el mundo, qué dejaremos cuando ya no quede el recuerdo ni de la compañía ni de los artistas que la hemos conformado. Por eso, Lo más hermoso todavía, que se estrenará en agosto de 2024 en el Festival Internacional de Teatro y Danza de San Javier, es el camino de la serenidad, es el cierre de puertas. Un viaje que emprendemos a partir de tres ejes: la vejez, la memoria y el olvido. 

La Trilogía del camino es nuestra propia historia, la de Alquibla Teatro, a lo largo de cuarenta años de camino itinerante: nuestro devenir migrante, de teatro en teatro; nuestra ilusionante juventud, espectáculo tras espectáculo, y nuestro respirar calmado al final del recorrido.

NADAR CONTRACORRIENTE

Los cuarenta años de Alquibla Teatro son un devenir de ilusiones renovadas y sueños logrados, con la mirada atenta a las enseñanzas de Shakespeare, que nos mostró al hombre; a Brecht, que le dio el color político; a Beckett, que aportó la dimensión metafísica, y Artaud, que nos situó en el altar de la teatralidad, siempre con la ilusión utópica de un teatro necesario. Una travesía a caballo entre la tradición y la innovación, basada en la coherencia, rigor y calidad por encima de los mejores o peores resultados de un espectáculo, y sustentada en tres pilares básicos: el compromiso ético y estético, el alto riesgo empresarial y las señas identitarias como hombres y mujeres atentos a nuestras raíces mediterráneas. 

El repertorio de Alquibla Teatro ha aflorado desde la necesidad de enfrentarnos a nuestra visión del mundo y a todo aquello con lo que estamos comprometidos; por lo que podríamos decir que se trata de un enfrentamiento contra nosotros mismos, nuestras dudas y miedos. Una mirada en ese espejo en el que nos aterra mirarnos, en un diálogo continuo con el público, desde la ceremonia única e irrepetible de cada representación. 

Los cuarenta años de trayectoria, y por consiguiente del repertorio generado, han sido un camino de resistencia, resiliencia y utopía. Son cientos los programadores y miles los espectadores que continúan confiando en que el teatro es mucho más que un producto de ocio. Otro teatro es posible: ese que mantiene la ilusión, por utópica que parezca, de avanzar, transformar, interrogar… ese que nos sigue envenenando, nos levanta cada mañana y alimenta nuestras ganas de vivir. Ese que nada contracorriente. Como expresaría Peter Brook:

Esta es la única posibilidad: no perder de vista los juicios de Artaud, Meyerhold, Stanislavsky, Grotowsky, Brecht, y luego compararlos con la vida del lugar concreto donde trabajamos. (Brook, 1986: p. 114)

(*) Director artístico de Alquibla Teatro.

Comunicación presentada en el Seminario Pazo de Mariñan 2023, organizado por ADE (Asociación de Directores de Escena de España).

Publicado en la Revista ADE. Número 195 Diciembre 2023. (Pág. 86 a 98)